Es hora de empezar a escribir.
Manolo dijo que no era necesario escribir en un papel lo que piensas y sientes cuando viajas, tan solo la brisa del mar y las olas que revientan lejos pero retumban en tu pecho son suficientes para que tu mente las recuerde y permanezcas dentro de esa realidad, esa que es como un sueño cuando pasan los días y que si te esfuerzas la recordarás como la primera vez.
"El Loco", renuncia a si mismo para poder escribir un par de líneas y sentirse significativamente menos insignificante, pero no sirve de mucho pues al terminar sus escritos se siente solo y con más ganas de llorar y enmudece.
Sofy, ay Sofy, para ella es necesario escribir cada paso, pensamiento, obra y no omite nada. La vida que vive es necesaria para escribir, es como si dentro de ella existiese una persona más que la utiliza para experimentar en el mundo y logra ser ella misma cuando redacta textos sin fin, ennumerables y hermosos; a veces dramáticos pero con un toque demasiado singular.
Cris no está tan sometido a los escritos, para él las palabras se leen más y se encuentran, no se buscan aunque siempre de descubren más. Cris no necesita escribir para sentirse vivo, pese a que tiene uno que otro papel con notitas que le recordará donde vivió y existió en los últimos tiempos, solo algunas "ayudas memoria" por ahi...
POr mi lado, prefiero conversar, las letras quedaron atrás, estancadas por no se que pasado. Se despolvan de vez en cuando y se encuentran con las ideas sueltas, aunque reconozco que en ocasiones siento la necesidad de escribir, creo que me contengo por falta de ánimo a que en un relato queden plasmados sentimientos que no se volverán a encontrar.
Mostrando entradas con la etiqueta vientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vientos. Mostrar todas las entradas
sábado, 19 de julio de 2008
lunes, 19 de febrero de 2007
CueNTo DeL Rio...
--- Nunca pensé que alguien lo leería, queridos blogeros!...---
Caminaba junto al estrecho camino que pretendía encontrarse con el río. Cada cierto número de pasos el camino se hacía aún más estrecho y se acercaba más a la orilla, me pregunto, cuántas personas recorrieron este sendero y procuraban no resbalar aunque era el mismo sendero el que los conducía cerca de las aguas que corrían. Era maravilloso el imaginar que las figuras trazadas por huellas, ramas caídas y hasta rastros de animales, otorgaban a este trecho de tierra una historia tan propia y compleja. Quizá nadie se había detenido a admirar lo sabia que era la ruta cerca del río, porque entre sus maravillosas curvas y asoladas depresiones, el espíritu de aquel camino hablaba a todos.
Es cierto, el camino estaba enamorado del río que corría junto a él, tal vez se enamoró de su voz, cuando el viento se acechaba, era el río quién advertía a quiénes pasaban cerca que una tormenta se aproximaba, pero cuando la tranquila mañana despertaba, las aguas apaciguaban el lugar, cantándole a su amor el sendero, el amor que le era recíproco. Pero más allá de su voz y de su bondad, el río era el compañero único del camino de tierra, eran muchos los que venían e iban, para todos era indiferente, pero los dos no se separarían, aunque nunca juntos, siempre se acompañarían, nada alejaría al río y al sendero.
Y su amor era tan grande que no escatimaron sacrificar ciertos deseos propios del cariño, la soledad no los atormentaría porque aunque jamás lleguen a encontrarse, caminar, corren, y se mueven juntos. La distancia que los separa, los une al mismo tiempo, porque el seco sendero de tierra es, siempre y cuando no se mezcle con el agua del río y pierdan su inocencia, su esencia.
Su amor es incondicional, el uno trae a transeúntes para que conozcan al maravilloso riachuelo, y los susurros del otro permiten que el sendero no sea olvidado. Y de eso se trata el amor, de compartir, de llenarse de alegría con diminutos detalles, de aprovechar el espacio (porque podría ser mayor), y de ajustarse al rumbo del otro, eternamente, o hasta que llegue al mar.
Caminaba junto al estrecho camino que pretendía encontrarse con el río. Cada cierto número de pasos el camino se hacía aún más estrecho y se acercaba más a la orilla, me pregunto, cuántas personas recorrieron este sendero y procuraban no resbalar aunque era el mismo sendero el que los conducía cerca de las aguas que corrían. Era maravilloso el imaginar que las figuras trazadas por huellas, ramas caídas y hasta rastros de animales, otorgaban a este trecho de tierra una historia tan propia y compleja. Quizá nadie se había detenido a admirar lo sabia que era la ruta cerca del río, porque entre sus maravillosas curvas y asoladas depresiones, el espíritu de aquel camino hablaba a todos.
Es cierto, el camino estaba enamorado del río que corría junto a él, tal vez se enamoró de su voz, cuando el viento se acechaba, era el río quién advertía a quiénes pasaban cerca que una tormenta se aproximaba, pero cuando la tranquila mañana despertaba, las aguas apaciguaban el lugar, cantándole a su amor el sendero, el amor que le era recíproco. Pero más allá de su voz y de su bondad, el río era el compañero único del camino de tierra, eran muchos los que venían e iban, para todos era indiferente, pero los dos no se separarían, aunque nunca juntos, siempre se acompañarían, nada alejaría al río y al sendero.
Y su amor era tan grande que no escatimaron sacrificar ciertos deseos propios del cariño, la soledad no los atormentaría porque aunque jamás lleguen a encontrarse, caminar, corren, y se mueven juntos. La distancia que los separa, los une al mismo tiempo, porque el seco sendero de tierra es, siempre y cuando no se mezcle con el agua del río y pierdan su inocencia, su esencia.
Su amor es incondicional, el uno trae a transeúntes para que conozcan al maravilloso riachuelo, y los susurros del otro permiten que el sendero no sea olvidado. Y de eso se trata el amor, de compartir, de llenarse de alegría con diminutos detalles, de aprovechar el espacio (porque podría ser mayor), y de ajustarse al rumbo del otro, eternamente, o hasta que llegue al mar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)